Cuando alguien cae de baja o sufre una lesión, no siempre se pregunta de dónde «viene» esa dolencia a efectos legales. Y sin embargo, esa etiqueta —accidente de trabajo o enfermedad común— puede suponer cientos de euros de diferencia al mes y cambiar por completo quién responde del pago.
Las dos grandes familias: común y profesional
Toda dolencia se encuadra en una de dos categorías. La contingencia común agrupa la enfermedad común y el accidente no laboral. La contingencia profesional agrupa el accidente de trabajo y la enfermedad profesional. Se considera accidente de trabajo toda lesión que el trabajador sufre con ocasión o por consecuencia del trabajo, incluido el que ocurre al ir o volver del puesto (el llamado accidente in itinere). Además, la ley presume que es accidente de trabajo lo que ocurre en el lugar y en el tiempo de trabajo, lo que juega a favor del trabajador.
Por qué le conviene la calificación profesional
La diferencia no es menor. Si la contingencia es profesional, se cobra más —con una base más favorable y desde el día siguiente al hecho— y no se exige haber cotizado un periodo previo, algo que sí se pide en la enfermedad común. Además, de la prestación responde la mutua. Y hay un plus: si el accidente se produjo porque la empresa no había adoptado las medidas de seguridad exigibles, puede reconocerse un recargo de prestaciones —de entre un 30% y un 50%— que sale del bolsillo de la empresa y se suma a lo que percibe el trabajador.
El problema: a menudo se califica mal
En la práctica, tanto las mutuas como el INSS tienden a calificar como enfermedad común procesos que en realidad tienen origen laboral, porque esa calificación les resulta menos costosa. Hemos conseguido revertir esa situación en varios casos: logramos que una baja calificada de entrada como enfermedad común se reconociera como derivada de accidente de trabajo; y, en materia de incapacidad permanente, obtuvimos el reconocimiento de una incapacidad total por contingencia profesional a un albañil —con la prestación a cargo de la mutua— y otra a un trabajador cuya incapacidad derivaba de un accidente laboral.
Cómo se reclama la contingencia correcta
El procedimiento para discutir el origen de una dolencia se llama determinación de contingencia: se plantea ante el INSS mediante reclamación previa y, si no se estima, mediante demanda ante el Juzgado de lo Social. La prueba decisiva son los informes que vinculen la lesión con la actividad laboral, el parte de accidente si lo hubo, y el testimonio de quienes presenciaron los hechos. Cuanto antes se documente el origen laboral, más sólida es la reclamación.
Y en la incapacidad permanente
La contingencia arrastra sus efectos hacia adelante: una incapacidad permanente derivada de accidente o de enfermedad profesional suele tener una base reguladora más alta y hace responder a la mutua. Por eso, pelear bien la calificación desde el principio no solo mejora la baja, sino también una eventual pensión posterior.
Si su mutua o el INSS han calificado como enfermedad común algo que usted vincula a su trabajo, merece la pena revisarlo. En M100 Abogados Laboralistas peleamos la contingencia correcta con la documentación médica y laboral en la mano.

